lunes, 8 de octubre de 2018

Ansible Fest: mi experiencia como voluntaria.

Los pasados 21 y 22 de septiembre se celebraba en Bilbao el AnsibleFest, la primera edición de un Festival de ciencia ficción feminista que espero que se repita y se mantenga durante muchos años más. No sé si es por falta de información, o porque no estoy lo suficientemente atenta, pero pocas veces he podido asistir a charlas o actividades dentro de un contexto feminista, ¡y menos aún en Bilbao! Sí que es verdad que alguna vez he oído de pasada que la amiga de una amiga fue el otro día a una charla sobre los derechos de la mujer, o sobre la situación de las mujeres racializadas, pero nunca he visto un cartel o una noticia invitándote a asistir a dichas charlas. Así que ya os podéis imaginar mi cara cuando un día en Twitter, me salió un retweet en el que decía que estaban organizando un festival, nada más y nada menos que de ciencia ficción escrita por mujeres, y encima, ¡en Bilbao! Desde el minuto en el que me enteré de que se celebraría en algún momento, estuve pendiete de las actualizaciones: quería saber cuanto antes cuando era para reservar el fin de semana que tocara. 
Foto de Laura Barceló.
Y así pasaron los días, cada vez con más ganas de que llegara la fecha. Con cada actualización, les repetía a mis amigas que teníamos que ir sin falta, y ellas, tan ansiosas como yo, me respondían con la misma emoción. No sabíamos lo importante y necesario que era un espacio así hasta que lo tuvimos. Así que decidimos que no podíamos faltar, y que haríamos todo lo que pudieramos para ayudar a que saliera adelante. Al principio, nos dedicamos simplemente a correr la voz; a contarle a todo aquel que pudiera interesarle que iba a celebrarse un festival de ciencia ficción desde un enfoque feminista. Luego, llegó la opción de hacernos voluntarias. En cuanto vimos que las organizadoras del evento buscaban voluntarias para varias de las tareas que habría que realizar durante el festival, corrimos a apuntarnos. La coordinadora de las voluntarias, Laura Huelin, nos contacto en seguida, y a pocos días para el festival comenzamos a organizarnos para que cada uno tuviera bien clara su función. 

Laura Barceló.
Mi amiga (@Laura_B_Holmes) y yo no teníamos muy claro cómo iba a ser el local, ya que nunca habíamos estado dentro de La Morada, pero queríamos asegurarnos de que no nos perderíamos ninguna de las charlas, así que en el momento de elegir actividad, pedimos que nos pusieran moderando charlas; así nos aseguraríamos de asistir a todas. Antes del festival, nos llegó una guía bien detallada con consejos y detalles sobre cómo funcionar durante el evento, cómo actuar en caso de acoso, etc., que fue realmente útil a la hora de hacernos una idea de qué tendríamos que hacer y cómo. Así que, con las ideas más claras y algo más tranquilas, estábamos listas para empezar: habíamos investigado cómo llegar al local, también cotilleado las charlas y los talleres que habría, y quién presentaba cada cosa.
Finalmente, ¡llegó el esperado día! El sábado por la tarde, estuvimos moderando los turnos de preguntas de las charlas, y fue una experiencia manífica. He de decir que tanto el público como las ponentes lo pusieron muy fácil. El ambiente fue estupendo, lo que hizo que los turnos de preguntas fueran un lugar de debate seguro donde poder dar tu opinión sin nada que temer. Fue un día lleno de emociones, y se notaba en el ambiente el mimo y la dedicación que las organizadoras habían puesto en que el festival saliera adelante. Las voluntarias nos indentificábamos con un lacito morado (como el de la foto), y la verdad es que no podía ser otro color. Fue una experiencia muy bonita, y repetiría sin dudarlo.

Laura Barceló.
Dejando el voluntariado a un lado, también me gustaría comentar el festival como expectadora, ya que acudimos el viernes y el sábado por la mañana a ver las charlas y la feria literaria (a dejarnos nuestro dinero, básicamente). Me gustó mucho que hubiera charlas tan variadas, pero que aun así mantenían en todo momento un mismo núcleo, que era la ciencia ficción y el feminismo. Hablaron de vientres artificiales, de la representación de la mujer en la ficción, de videojuegos, de literatura escrita en latinoamérica, de afrofuturísmo... Conocía alguna de las cosas de las que se hablaron, pero también aprendí mucho sobre otras cosas que no había visto, sobre lo que no me había informado en ningún momento o, por una razón o por otra, no había llamado mi atención. Me pareció muy importante darme cuenta de ello, que hayan creado un espacio así, en el que poder aprender tantas cosas nuevas, y que te da ganas de seguir aprendiendo por tu cuenta sobre ello. Me dió un poco de pena no participar en ninguno de los talleres, pero como no queríamos arriesgarnos a que se nos solapara con ninguna charla, así que en esta ocasión, preferimos sacrificarlo en pos de las charlas.
Eleazar Herrera, Inés Alcolea,  Ilargi Blasko.
Foto: Laura Barceló
Espero realmente que este evento se repita, así como que sirva de ejemplo para que eventos similares se realicen tanto en España como en Latinoamérica. ¿Vosotras pudistéis asistir al AnsibleFest? ¿Cómo fue vuestra experiencia? Y, si no, ¿os gustaría haber asistido o asistir en un futuro? 


jueves, 19 de enero de 2017

El factor «C»



Todos hemos pensado, y a todos nos han preguntado en alguna ocasión, qué cambiaríamos de nosotros mismos si pudiéramos. Por mucho que seamos felices tal y como somos, siempre hay algo, algún pequeño detalle, que cambiaríamos sin dudarlo. Ni siquiera tenemos que darle muchas vueltas, nuestra mente en seguida señala en esa dirección, y nos encontramos riñéndonos a nosotros mismos por tener esa pequeña falta. Bien, la mía es lo condenadamente poco constante que soy. Seguro que ya os habéis dado cuenta; abrí este blog en junio del año pasado y esta es mi segunda entrada. No es por falta de tiempo exactamente, ni porque no tenga temas sobre los que escribir; de hecho, tengo tantos que a veces me crea un gran quebradero de cabeza decidir sobre cuál debería escribir. Mi problema es, simple y llanamente, que soy incapaz de terminar la mayoría de las cosas que empiezo si no hay un factor externo que me obligue de alguna forma a hacerlo. Lo peor de todo es que me ocurre con cosas que me gustan, como puede ser escribir, tejer, pintar mis cuadernos de colorear para adultos y hacer scrapbook, es decir, adornar cosas con papeles de colores, y os puedo asegurar que me pasa con muchísimas cosas más.

Por eso mismo, entre otras cosas, mi propósito de Año Nuevo, por llamarlo de alguna forma, es aprovechar el año para hacer todo lo que me gusta hacer y no abandonarlo. Estoy todavía en proceso de organizarme, y por lo pronto voy a intentar mantener el blog vivo, aunque todavía no sé muy bien si escribiré una entrada a la semana o dos al mes. También he decidido aprovechar el día al máximo, lo que va a significar levantarme como muy tarde a las ocho para poder hacer algo las dos horas que tengo antes de ir a clase. Por otro lado, voy a empezar a hacer todas esas cosas que tengo acumuladas en el armario de las diferentes ferias de manualidades a las que he ido, así como leer un poco todas las noches y ponerme al día con las series que veo (o al menos ver mínimo tres capítulos de lo que sea a la semana). Al numerarlo todo aquí, lo cierto es que me provoca una sensación un poco agobiante, ya que también quiero centrarme en los idiomas que estoy aprendiendo y preparar varios exámenes, por lo que no voy a empezar a hacerlo todo seguido desde ya. Mejor empezar poco a poco. Por lo pronto, no hay noche que no lea un poco, aunque sea una página, y por fin he forrado mi agenda; esa que me compré en septiembre, aunque fuera horrorosa, porque me gustaba por dentro, y pensé: «esto lo forro y ya está».

Así que mi mantra para este año va a ser Lee más, escribe más, haz más. Sé que puedo hacerlo si me lo propongo, solo necesito obligarme a mí misma a hacer un poquito todos los días. Hace no mucho leí que solo necesitas 21 días para conseguir que una acción se vuelva costumbre, por lo que puede que sólo necesite obligarme a hacer las cosas durante menos de un mes, y luego, el primer esfuerzo de ponerme a hacerlo vendrá solo.

P. S.: Os dejo unas fotos de la agenda. Me gusta mucho cómo me ha quedado, aunque es bastante simple, ya que no he hecho más que ponerle un papel (y otro diferente en el interior de la tapa, pero, lista de mí, se me olvidó sacarle foto). Espero que os guste.



Sheila.

miércoles, 15 de junio de 2016

Experiencia Erasmus



Llevo una temporada pensando en la primera entrada de este blog. No sabía sobre qué escribir primero, y eso que tengo mil y una ideas en la cabeza. Quería que fuera algo especial, empezar este proyecto de forma que me entraran ganas de continuarlo y no dejarlo tirado (de hecho, seguro que Gema, la creadora del diseño, ya se piensa que no lo voy a usar y que lo ha creado para nada, aunque no la culparía, no sería la primera vez que dejo algo antes de empezarlo en condiciones). Bueno, y pensando en cómo empezar el blog y en cosas importantes en mi vida, lo primero que apareció en mi cabeza fue el cuatrimestre que he estado de Erasmus. 

A lo alto del monte Petřín, con la ciudad de Praga a mis pies.
Fotografía de Macarena Bortolotto.


Para los que no lo sepáis, en septiembre del año pasado me fui a Praga a realizar un intercambio universitario de cinco meses, y aunque no puedo decir que haya cambiado mi vida totalmente, sí que ha tenido un gran impacto en mi. Esta entrada va dirigida, no a los que habéis estado de Erasmus, ya que vosotros ya sabéis lo que es, cómo te sientes y todos los clichés que se rompen, sino a aquellas personas que no han tenido la oportunidad, pero puede que la tengan en el futuro, no solo de irse de Erasmus, sino de vivir la experiencia de viajar al extranjero para vivir allí una temporada.  

No os voy a aburrir con el proceso burocrático, aunque sí deciros que es horrible, pero merece la pena. Yo me volví loca, y estuve hasta la fecha límite haciendo cambios, incluso llegó un momento en el que me dieron ganas de dejar de intentar cuadrar asignaturas. Por suerte, entre mi compañera de habitación y otros amigos que hice allí, me animaron y me ayudaron a tranquilizarme. Pero eso no fue en ningún momento lo que más miedo me dio. Cuando viajo sola, solo hay una cosa que me aterra, sobre todo porque me considero bastante tímida con gente a la que no conozco, y mi modus operandi se basa en estar me quietecita y callada hasta que me habla alguien. Y eso era lo que me daba miedo: no hacer amistad con nadie. Bien, pues puedo decir que, después de esto, lo he superado. Lo bueno de una experiencia como esta es que la gente que participa es abierta y ha ido allí para aprender sobre otras culturas, conocer gente y divertirse, y en seguida conoces a un montón de personas que están igual de deseosas que tú de hacer amigos. No tardé nada en juntarme con un pequeño grupo de gente, que fue creciendo a medida que iban llegando los Erasmus. Y ya que he empezado con esto, me gustaría «aliviar» de alguna forma los miedos más comunes, o, al menos, los que yo considero que son:

  • Me da vergüenza hablar en inglés: entre los erasmus, solo un 10 %, tirando a lo alto, tienen inglés como lengua materna. La mayoría la han aprendido más tarde, y hay algunos que ni siquiera se manejan bien con ella. Además, al contrario de lo que puede pasar en clase, nadie va a reírse porque pronuncies mal una palabra o porque tengas acento español.
  • No quiero viajar solo/a: como ya he dicho, este era mi mayor miedo, y la verdad es que la idea de viajar solo a un país desconocido, y saber que no habrá nadie esperándote allí cuando llegues, asusta. Pero no es tan malo como parece y, además, somos más capaces de valernos por nosotros mismos de lo que creemos. Sí, pueden pasar muchas cosas malas, pero lo más seguro es que no ocurra nada fuera de lo normal. 
  • Voy a estar marginado/a porque no se me da bien hacer amigos: bueno, esto se puede aplicar perfectamente a cualquier situación en la que uno llega a un sitio nuevo. En mi experiencia, hacer amigos, o, mejor dicho, llevarse bien con tus compañeros no es tan difícil, aunque pueda parecerlo a primera vista. Sí, es cierto que a veces podemos no tener suerte, pero por lo general la gente suele ser bastante amable y receptiva

Supongo que cada persona tendrá sus propias preocupaciones cuando viaja, sobre todo si su intención es vivir en esa ciudad extranjera, y dependiendo en todo momento del motivo de su viaje. Yo sabía que podía contar con la universidad en caso de que ocurriera cualquier cosa, y aprendí pronto a confiar en las personas que me rodeaban. Tuve suerte, todo salió bien. 

¿Y vosotros? ¿Alguna vez habéis tenido la oportunidad de vivir una experiencia así? ¿Qué es lo que más miedo os da a la hora de viajar solos?